gas de la risa

Economía

España no tiene grandes yacimientos de combustibles fósiles. De hecho, el poco petróleo y gas natural que tenemos lo extraemos tapándonos la nariz. «España es el único país del mundo donde encontrar petróleo es un problema», decía Luis Suárez Ordóñez, presidente del Colegio de Geólogos, en 2014. Pese a esto, Pedro Sánchez es capaz de soltar ante la élite mundial de los negocios en Davos que un país que no tiene gas y no quiere tenerlo, y que se lleva fatal con los combustibles fósiles, es la solución al corte del gas ruso.

El presidente se jactó de que tenemos una gran capacidad de regasificación y de almacenamiento. En el caso de la regasificación es cierto: España tiene el 37% de la capacidad total de Europa, aunque esto está cambiando porque Alemania, por ejemplo, acaba de contratar cuatro buques regasificadores para sustituir el gas ruso de cara al próximo invierno.

 

Además, cabe recordar que esta capacidad es una casualidad porque hace dos o tres años se estaba discutiendo la necesidad de desmantelar las siete plantas regasificadoras que hay en España, de las cuales sólo seis están operativas, porque se estimaba que sobraba capacidad para un combustible que cada vez sería menos necesario.

En el caso del almacenamiento, lo que dice Sánchez sólo es válido para el gas licuado (GNL), es decir, el que llega en estado líquido a altas presiones y que, precisamente, hay que regasificar. En realidad, la capacidad de almacenamiento de gas natural de España empalidece al lado de la del resto de Europa. Contamos con cuatro puntos de almacenamiento operativos (Gaviota, Serrablo y Yela de Enagás y Marismas de Naturgy), con una capacidad máxima teórica de 6.000 millones de metros cúbicos (o 6 bcm) en total. Alemania, el país que más depósitos tiene, alberga 63 almacenamientos con una capacidad de 22 bcm. A partir de datos de Repsol, se aprecia que el 73% de la capacidad total de almacenamiento europeo se concentra en cinco países entre los que no está España: son Alemania, Italia, Francia, Países Bajos y Austria.

La capacidad española sería mayor si no hubiese resultado fallido el almacenamiento de Castor, por razones geológicas, y la ampliación del de Marismas de Naturgy, que ha enfrentado conflictos medioambientales.

Pero lo que hace inviable la afirmación de Sánchez es que la interconexión del gas que pasa por la Península con el resto de Europa es muy pequeña, apenas dos tubos nos unen con Francia con una capacidad de 7 bcm al año. Bruselas acaba de pedir que estas interconexiones energéticas se amplíen.

La osadía de Pedro Sánchez en Davos con el gas sólo tiene parangón con la que exhibe en el Parlamento español, donde presume de ofrecer gobernabilidad cuando cada día que pasa tiene que estar reparando las grietas de su coalición ofreciendo auténticos sacrificios en los altares de los nacionalistas o de Podemos.

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